Soneto 69

Humor, memoria de colegio y una pregunta inevitable: ¿qué habría sido de nosotros con inteligencia artificial en aquellos años?

Federico López Brito
El Desierto, mayo de 2026

Mayo trajo joyas al rosario,
cumpleaños, nostalgias y aguardiente,
y alguno dijo, serio e imprudente:
“no toda perla alumbra el calendario”.

Saltó otro pana, rápido y sectario:
“hay misterios oscuros, ciertamente;
rosarios con perlas negras… de repente,
cómo pecados finos de un santuario”.

Y allí, sin pedir nunca salvación,
metí la prom sesenta y nueve al ruedo:
“ese rosario carga un par, compadre”.

Hubo silencio… y luego carcajadas.
Porque al final del curso y de la vida,
todos rezamos algo… aunque se pierda.

¿Qué habría sido de nosotros con IA en el colegio?

La generación nuestra sobrevivió a punta de biblioteca, enciclopedia Salvat, diccionario Sopena y algún compañero aplicado al que había que llamar por teléfono fijo después de las siete de la noche porque la tarifa era más barata.

Hoy un muchacho escribe: “hazme un soneto barroco con humor litúrgico y doble sentido”, y una máquina se lo devuelve en segundos.

Nosotros, en cambio, pasábamos dos horas tratando de recordar cuántas sílabas tiene un endecasílabo y terminábamos jugando dominó o hablando de pelota.

Lo interesante no es que la IA escriba. Lo verdaderamente extraño es que ahora cualquiera puede parecer culto a la velocidad industrial.

Antes había que sudar la erudición. Hoy basta redactar bien el prompt.

Y, sin embargo, ahí viene la paradoja: la IA puede escribir el soneto, pero no puede haber estado en aquella promoción. No escuchó los chistes. No conoce los apodos. No vio las perlas negras del rosario.

Eso todavía nos pertenece.

Nota de autor: texto desarrollado con asistencia editorial y estilística de IA a partir de una anécdota y concepto originales del autor.